Palabras, más que una librería

El olor a café, a pátina, y a libros nuevos, envolvía a las personas que entraban con interés a un

local que a simple vista parecía pequeño. El paso de las personas, el esmog, los pensamientos

desorientados y el ritmo de vida del centro de la ciudad, quedaban aislados luego de cruzar sus

puertas. Las tertulias, las páginas y los amigos, convertían un rato de saturación y trabajo, en uno

de calma y relajación. Un lugar de respeto y acogida que con el tiempo, obtuvo un reconocimiento

nacional, tuvo la oportunidad de abrir sucursales en otras ciudades y que además, construía

diariamente millones de historias y anécdotas, que quedaron plasmadas en las hojas de los libros

que se dejaron de vender. Aquel espacio de reunión y de intelectuales, cerró sus puertas en el

2012, por problemas económicos e intereses particulares de su dueño, que no ayudaron para se

continuará llenando de letras a una ciudad que, así sean pocos, está llena de lectores apasionados.

En julio de 1983, en el centro de la ciudad de Manizales, La Librería de familia, de Germán

Velásquez y Sofía Convers, abre sus puertas. Aquella que iba a ser de 3, pero que finalmente

quedo en uno, aquella que se iba a llamar “Palabra”, pero que por no parecer una librería

religiosa, quedó en plural, aquella que construyó una familia y un grupo de amigos que perduraron

en el tiempo, aquella que fue y se quedará en el recuerdo de los viejos lectores. Velázquez, un

hombre carismático, simpático y expansivo, psicólogo de profesión, encontró una necesidad del

momento y la aprovechó para crear una de las librerías de mayor referencia en la ciudad. “Yo era

docente de psicología en la Universidad Cooperativa, la que es hoy en día, la Universidad de

Manizales. En ese momento como estaba recién fundada la facultad de psicología, no existían

textos en Manizales que yo pudiera utilizar y recomendar a mis estudiantes. Entonces me pareció

una cuestión muy importante y de analizar. Inicialmente puse a una persona que era empleado de

la Universidad de Caldas, en las escaleras del actual colegio Isabel la Católica (donde quedaba la

universidad) a que me vendiera unos libros que yo traía de Bogotá y que consideraba que se

podrían vender con facilidad. Encontramos que efectivamente existía un mercado. Y por esta

razón decidí crear la librería Académica, en el año 1977, donde se vendían exclusivamente libros

académicos”, recuerda con nostalgia German, mientras mira sin mirar, unas mesas de Juan Valdez.

Luego de 3 años de trabajar como librero, y de suplir todas las necesidades académicas de las

Universidades de esa época, decide cambiar de público y de ambiente. “German Velásquez dijo

que quería encontrar un local en el centro y Eduardo López que era un juez y luego un magistrado

de la corte suprema, encontró en seguida del Banco de la Republica un local que podría ser el

indicado”, afirma José Fernando Calle, abogado y amigo de la familia. La librería que ahora se

llamaba Palabras, se encontraba ubicada en la carrera 23 con número 23 – 50, un lugar que estaba

en medio del conocimiento y los cafés, de convergencia, de paso y rapidez.

Al entrar en la librería, un espacio angosto en su comienzo, pero que a medida que se iba

penetrando el umbral, se abría a los clientes con paredes llenas de libros, exhibidos con amplitud,

que acogían a los lectores y los invitaban a pasar un buen rato entre páginas, una buena forma de

acariciar los libros con calma. Las vitrinas donde se exhibían las novedades, resaltaban entre

colores, la belleza de las páginas, llenas de conocimiento, historias e información. La disposición de

los libros y el diseño de la librería fueron creadas por un arquitecto chileno, llamado Carlos

Pacheco, quien aprovecho la longitud del local para que las personas que atravesaban por el

pasillo se sintieran acogidos y bienvenidos por los estantes llenos de libros. Al final, se encontraba

un escritorio, en donde se alcanzaba a ver la figura de una mujer, de estatura pequeña, pelo negro

y mirada desafiante, una mujer que según algunos, tenía un aire francés. Era Sofía, la esposa de

German, aquella mujer fuerte que mantuvo en secreto su cáncer, pero que al mismo tiempo era el

alma de lo que fue, la librería palabras. Un mujer bella, pero con una dureza que no la dejaba

resaltar. “Cuando le pregunté —enseñándole una antología de Whitman por Borges—: “¿tiene

otro ejemplar de este libro?”; “Luego ese qué tiene”, me respondió con una dureza inapropiada

para su oficio”. Palabras escritas en el blog de libélula libros “A la sombra de las hojas”, por José

Fernando Calle, luego de la muerte de Sofía.

Que mejor que un buen lugar para tomar café y hablar con los colegas y amigos sobre fútbol,

economía, política y porque no un poco de literatura. Así era Palabras, más que una librería, un

sitio donde las personas se sentía cómodas y tranquilas, un lugar donde se hablaba de todo,

menos de libros. Donde los profesores universitarios y algunos abogados de renombre se

encontraban casualmente el mismo día y a la misma hora para charlar y reír entre libros, café y

vino. Con el correr del tiempo estas prácticas se volvieron una rutina para todos, Calle asegura

que: “Los días de la librería comenzaron a hacerse cada vez más importantes con reconocimiento

no solo local sino nacional, entonces Germán decidió ampliar su oficina, no mucho pero fue

suficiente, para que los interesados como yo, pudiéramos echar chisme sin que nadie se diera

cuenta”. Jorge Eduardo Salazar, cliente y primo de José Fernando, un hombre canoso, y muy

apasionado por la buena literatura y las grandes obras, es ahora fiel a libélula, pero recuerda con

nostalgia los bellos momentos que vivió junto a su primo y amigos en las tertulias que se hacían en

Palabras. “Nunca me imaginé que Germán cerraría la librería, pero sucedió lo inevitable. En los

últimos años no era la mitad de lo que fue al principio, con razón a los jóvenes de hoy en día, les

gustan más la rumba que los libros, ojalá hubieran visto como hablábamos de bueno allá en

Palabras, una librería con sabor y tiempo, marco la vida de muchas personas. Quienes la

frecuentaban, la recuerdan y la extrañan, pues fueron miles las anécdotas, las amistades y los

libros que dejó. Desde una taza de café derramada en algún libro, hasta el destape de cajas que

llegaban semanalmente a la librería, son algunos de los recuerdos que tienen los compañeros que

visitaban la Liberia en aquella época. José Fernando Calle aseguró que nunca fue un cliente fácil

pero si muy fiel y apasionado por la lectura, recuerda con ahínco una de sus más gratas

experiencias en Palabras “los libros que yo compraba, siempre debían estar en perfecto estado, sin

ningún imperfecto. Pero mi amigo el topo, Alberto Ceballos, a veces me los arrugaba o dañaba a

propósito para sacarme de quicio, y obligarme a pedirle a German 2 o 3 veces más el libro que

quería. Germán y su esposa se reían de mí y me molestaban por mi especial manía con los libros”

Además, Palabras siempre se caracterizó por sus buenos trabajadores pues eran hombres

conocedores de literatura y muy formales. “Recuerdo un muchacho que trabajó allí y un día paso

un señor y le preguntó por el Doctor Zhivago y el ingenuo hombre le respondió, ‘no, está

equivocado de dirección’. Lo que este no sabía era que le estaba preguntado por una novela”

recordó entre risas Germán Velásquez.

Sin embargo, palabras también es recordada por ser una librería de excelente calidad y por ser los

primeros en incursionar en la técnica, de conseguir los libros que no se encontraban en la librería,

pero que los clientes los solicitaban y los añoraban. Aun así, como las historias, en los libros

quedaban plasmados los años de trabajo y dedicación que la familia Velásquez Convérs, dedicó.

“Era una librería que marcaba tendencias, no era de encontrar lo más vendible, sino que uno

podía encontrar libros viejos que se quedaban ahí guardados, era una cosa muy buena”, asegura

Andrés Calle, director del área de humanidades de la Universidad de Manizales.

Por otra parte, palabras, no solo era un lugar donde se vendían libros, sino que se convirtió en un

lugar de acogida, en un hogar, para todas las personas que buscaban escapar de la realidad y

sumergirse en páginas de libros, llenos de palabras que crearon nuevas experiencias y quedaron

plasmados en los corazones de muchos de sus clientes. “Todo un periodo de mi vida unido a La

PALABRAS… Creo que ni un sólo libro de mi periodo colegial no fue comprado allí… ni las novelas,

ni los cuentos, ni las mafaldas, ni las poesías… además rodeada de un inmenso lazo de amistad con

los Velásquez Convérs, a quienes les debo muchas marcas en el corazón…. de las palabras… de la

literatura… en mi biblioteca, y en los sueños… ahora mi hija merodea por allí”, señala con emoción

Diana Santana, una cliente de la librería. Además como todo, la forma en la que esta familia de

libros, atendía a las personas y las acogía con los brazos abiertos, hizo que su cierre fuera aún más

melancólico y doloroso, pues a pesar de ser un capítulo más en la vida de las personas, se cerraba

la oportunidad de crear nuevos momentos y nuevos romances hacia la literatura. “La mayoría de

veces, como consumidor, uno se apega a un local, café, tienda, bar, negocio, agencia, no por la

necesidad de algo, sino por la persona o personas que te atienden, si son amables, corteses,

atentos, a uno ni le importa si queda lejos o cerca, o si es caro o barato, sólo se crea ese lazo y ya.

Gracias a ustedes cogí un amor a la lectura desde que me presentaron mi colección tolkien. Ahora

no paro de leer, de regalar libros, y siempre que vengo a Manizales, visito la librería y “chismoseo”

que hay. Gracias por darme la pasión de leer”, comentario publicado en Facebook, por uno de los

clientes de la librería.

Cuando los años mozos de Palabras comenzaron a desvanecer, cuando los amigos que recurrían a

la tertulia se fueron alejando cada día más, cuando German empezó a dejar de lado su vida como

librero, para sumergirse en una vida como político, allí, en ese critico momento, la situación

económica y de estabilidad en la librería palabras comenzó a languidecer. Luego de varios años de

intentos fallidos, de haber abierto locales en Pereira y Armenia, y de haber recorrido toda la

ciudad de Manizales, con un total de 4 locales. Al final, como un acto desesperado por salvar la

librería, Germán abrió en un pequeño local al frente del batallón una nueva sucursal de Palabras,

donde permaneció solo un año y cerró finalmente en el 2012 sus hojas. Problemas económicos,

descuido y falta de tiempo fueron factores determinantes en la vida de Palabras. Como cualquier

enfermo de cáncer, palabras vivió sus últimos días llenos de soledad y amargura. En su interior no

habitaba sino el librero, sus libros ya no eran leídos por nadie, y no brillaban con el mismo espíritu

por el polvo que cubría todo su lomo. Su dueño preocupado por la campaña política ya no tenía

tiempo para ellos. Lentamente fue cayendo Palabras y el dicho de ser más que una librería quedo

en el recuerdo de algunas personas.

Alejandra Buriticá Franco

Juan Camilo Castaño Arias

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Las librerías de Manizales vienen de página caída

IMG_6399Hace 30 años en Manizales existían aproximadamente nueve librerías en las que resaltan Palabras con tres sedes, Atalaya, Letra2 entre otras. Actualmente solo sobreviven dos, libélula y LEO donde la era digital se hace cada vez más fuerte.

“ Yo no creo que hagan falta librerías , son suficientes. Para la población que tiene la ciudad y para el consumo que hay de libros son bastantes. Uno le pregunta a los libreros y ellos dicen que el mercado no es tan grande para que pueda abarcar más librerías” alega el psicólogo y ex propetario de la librería Palabras, Germán Velásquez Ángel. Con respecto a lo que piensa el doctor Mejía , Velásquez no considera que exista una problemática que se ha planteado, pues cree que las librerías que hay en Manizales ( LEO Y Libélula) si dan abasto para el público que lo solicita. De igual forma comparte que los textos como fotocopias y el internet es sin duda el principal problema que las afecta pues es la principal causa de cierre, tal como le sucedió a él con su librería Palabras que cerró sus puertas en 2012 después de treinta y cinco años de permanecer vigente. Además agrega que existen otros factores que ayudan para que las librerías cierren, como la compra de libros por internet, en paginas como Amazon o Mercado libre, las editoriales que no utilizan a las librerías como intermediarios para vender sus libros, sino que son ellos mismos los que van a ofrecer los textos, especialmente los académicos y finalmente la piratería. “ La ultima vez que compre libros fue en libélula, pero no importa el lugar, últimamente los compró por internet a través ebook ” aseguró Carolina Escobar Londoño estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Javeriana y amante a la lectura. Este es apenas uno de los múltiples casos que esta viviendo la sociedad de las librerías. “En Colombia los e-books que más se comercializan son el iPad de Apple y el Kindle de Amazon, y que presentan variadas fortalezas y debilidades según lo que desee el usuario, aunque ambos cuentan con una gran tienda para descargar obras” según un estudio realizado por la Universidad Nacional de Colombia en el año 2012.

“Yo me acuerdo de amigos míos intelectuales que venían de Bogotá y Medellín a veces a buscar libros que no encontraban en sus ciudades y eran exclusivos de las librerías de Manizales” afirma el medico y escritor Orlando Mejía Rivera. Los mejores años de esplendor con respecto a la lectura ya han quedado atrás, actualmente Manizales se encuentra en una etapa crítica en donde los lectores son muchos pero los compradores de libros físicos son muy pocos. Según un estudio realizo por el Dane en diciembre del 2014, el 48,8% de los colombianos afirmaron consumir textos, mientras que el 51,6% dijeron no consumir algún libros. Esto es gracias a las nuevas tecnologías ( internet, dispositivos móviles) y también a las grandes cadenas comerciales como lo es Panamericana que ha venido a robarle protagonismo a las librerías tradición. Otro elemento fundamental en la problemática que agobia a las librerías es el alto uso de las fotocopias, que tienen derechos de autor, pues los mismos maestros se han visto en la penosa tarea de recomendarles a sus estudiantes el usos de éstas tanto por la economía como por la falta de material que se encuentran en las librerías. El  28,7% de los colombianos, leen un libro al año, según el mismo estudio. Países latinoamericanos como Argentina, Uruguay  y Chile suben esta media con cinco o seis libros aproximadamente.

De acuerdo a esto se formula una interrogación ¿Por qué los estudiantes universitarios solo leen apuntes y fotocopias? Es sin duda una pregunta que refleja la problemática que se esta investigando, pues los estudiantes no les interesa tener una biblioteca personal pues consideran los libros como desechables. Asimismo son éstos los que están acabando rápidamente las librerías tradicionales pues son métodos más prácticos y no requiere de gasto económico para las personas. “Los apuntes propios son el texto más leído, en el 82 %de los casos, seguido por el material docente, con el 80%, y las páginas web o blogs, con el 78%. Un 72 % lee libros o capítulos propios de la carrera; menos del 30 %lee literatura y menos del 40 % informes de investigación y artículos científicos” según German Rey Psicólogo y analista del Observatorio de  Medios de la Universidad Javeriana, sacadas de cifras de crecimiento de consumo del departamento de estadística, y consumos culturales en Colombia. Sin embargo, dentro de esta reproducción de libros, como “textos educativos”, se encuentra una problemática aun mayor, pues están catalogados como piratería editorial, por que deben tener una licencia por parte del Centro Colombiano de Derechos Reprográficos (Ceder), y se otorgan solo para sacar fotocopias de material protegido a los centros de enseñanza, las bibliotecas, las empresas o los sitios de fotocopiado, a cambio de una remuneración económica anual. El artículo 26 de la Ley 98 de 1993 (o ley del libro) menciona que “todo establecimiento que ponga disposición de cualquier usuario aparatos para la reproducción de las obras de que trata esta ley o que efectúe copias que sean de objeto de utilización colectiva y/o lucrativa deberá obtener una autorización previa de los titulares de los derechos correspondientes de tales obras, bien sea directamente o mediante licencia otorgada por la entidad de gestión colectiva que designe para tal efecto la cámara colombiana del libro”

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Mejía también asegura que las librería de segunda o de viejo como él las llama son importantes para encontrar material que ya se encuentra descatalogado. De igual forma recalca que el mercado de libre difusión no ayuda para la sostenibilidad de las mismas. “Cuando hablamos de librerías, las librerías son un fenómeno que se ha reducido y que tiene un foco de mercado cada vez más centralizado.  Sin embargo Manizales tiene un buen arraigo de bibliotecas en casas (familias que anteriormente conservaban toda su literatura en sus propias viviendas) y ese ha sido un hecho que ha facilitado mucho el que tengamos en nuestra ciudad un buen mercadeo de libros como de vecindario”, añade el profesor de literatura y humanidades de la Universidad de Manizales, Luis Felipe Valencia ¿Cómo consiguen los libros que leyeron el último año? 32.1% prestados, 30% regalados, 26% comprados en librerías y 11,3 % en venta ambulante según el Dane en el año 2014.

La economía de éstas es cada vez más complicada pues como se ha venido hablando en la investigación ya no son visitadas para la compra del libro físico. Son utilizadas más que todo para la información sobre material literario que después es descargado o fotocopiado para la reducción de gastos.  En Manizales han cerrado a lo largo del tiempo librerías muy reconocidas como lo es la ya nombrada Palabras,  Letra E, letra2 y la misma Atalaya por nombrar algunas. Es evidente que la economía de todo el país y del mundo a disminuido, y la llegada de cadenas a la ciudad como Panamericana o Éxito ha afectado a estas librerías pues han bajado su tasa de ventas que se aproximaba a doce libros por mes a tan solo seis o siete aproximadamente en el último tiempo. Como los lectores que van a comprar libros a las librerías son un grupo muy selecto de elite, deja la entrada de dinero muy reducida a este negocio. Según Tomas David Rubio Jaramillo, dueño de la librería Libélula, expresa que es de vital importancia el buen manejo de los recursos a la hora de la sostenibilidad de la librería, pues se debe pensar en un local pequeño para la reducción de arriendo, en personal joven, capacitado e interesado que no cobre demasiado por sus servicios a la hora de atender en la tienda, y en una buena selección de libros que llame la atención y así ganar púbico y espacio dentro de la librería “de que sirve un local gigante si su interior literario es nulo, prefiero un lugar pequeño pero con literatura de todo tipo” recalcó Rubio. A diferencia de lo que ocurre con LEO libros que tiene unas buenas condiciones económicas pues su local es propio y la familia son los trabajadores que atienden al público. Un ahorro significativo hoy en día pues no todos se dan el lujo de tener tan grandes ventajas.

“ Me impacta que la tradición y el amor por los libros se este perdiendo y más en una ciudad donde abundaban las librerías y existía un amplio consumo de libros” declaró el estudiante y lector Camilo Robledo. “ Debido a las nuevas tecnologías y a la mala economía que teníamos nos vimos en la penosa tarea de cerrar nuestras librerías. Pedimos disculpas a nuestros más fanáticos lectores” dijo Germán Velásquez, dueño de la librería Palabras. Sin duda no es un secreto que son factores  determinantes que influyen sobre el cierre de las librerías que dejan a más de un lector desesperado sin donde encontrar sus materiales. “ Espero que nunca cierre una librería como lo es Libélula pues es un sitio que para mi es muy importante pues soy lectora compulsiva y allí encuentro todo tipo de literatura que me gusta leer” afirmó Clara Marcela Beltrán estudiante de psicología de la universidad Luis Amigó. “En Argentina hay unas 1.700 librerías y en México 1.900, en Colombia solo se tiene noticia de 150 (y ahora menos). En promedio un colombiano compra alrededor de seis libros al año (incluidos textos escolares) y lee menos: en promedio 1,6%. Y si Colombia se está peleando con Argentina el cuarto puesto en producción de libros de la región se debe a que imprimir en Colombia, desde hace unos años, es muy barato. No porque haya una gran demanda” según un análisis de las tendencias del mercado editorial en el año de 2008. Esta tendencia tiende a reducirse a pasar los años.

Mientras tanto personas no lectoras de la ciudad no ven un agravante el cierre de las librerías, pues consideran que los medios digitales son una excelente vía de acceso a los documentos y textos que se requieren en el momento. “ No pienso que sea necesario gastar dinero en libros, sabiendo que se tiene el internet por donde se encuentra todo” resaltó Jerónimo Buitrago estudiante de administración de empresas de Unitécnica. El Dane precisa que el 55% no lee porque no le interesa y tan solo el 5,8% no lo hace porque no tienen dinero, el 75% que leen lo hacen porque les gusta. Estudio realizado en diciembre de 2014.

En la pasada edición de la Feria Internacional del libro 2015, se lanzaron varias aplicaciones para fomentar la lectura en internet. “En este espacio, dirigido a personas de todas las edades, se expondrán aplicaciones digitales, ebook y proyectos transmedia creados por el MinTic a través de iniciativas como Apps.co y Crea Digital”, explicó la viceministra de las TIC, María Carolina Hoyos, en un comunicado difundido por su despacho. Según el Dane el 88% de las personas colombianas usan internet para consultar redes sociales, mientras que solo el 17% asegura leer libros en formato digital. A pesar de que German Velázquez dueño de la librería Palabras y Orlando Mejía escritor caldense, aseguran que el internet es un factor fundamental para el cierre de las librerías en Manizales, las estadísticas y las iniciativas del MinTic, demuestran lo contrario. El internet llego a implementar nuevas formas de comunicación y de adquisición de conocimientos, no solo en el mundo de la literatura sino también en todos los campos del conocimiento, pero para llegar a las metas esperadas, en Colombia se deben implementar estrategias para llegar a dichos cometidos.

IMG_6397El cierre de las librerías es un problema que, como en todo el mundo, a crecido al pasar los años, sin embargo existen libreros y lectores que luchan día a día para que estos lugares de tradición no se pierdan, pues tesoros tan valiosos como estos no se pueden perder.

Alejandra Buriticá Franco

Juan Camilo Castaño Arias