El microtráfico y otras marcas de sangre en el solferino

Brayan Suarez es un joven de 18 años, miembro de la pandilla “Los Teletubbies” del barrio el Solferino. Permaneció detenido durante tres años en la cárcel masculina La Blanca de Manizales, por venta de estupefacientes y porte ilegal de armas. Por tal razón, ha pensando retirarse del “negocio”, como él lo llama, por miedo a caer nuevamente en prisión. “esto está muy caliente y yo tengo una familia que mantener y si caigo a la cárcel quien va a ver por ellos” comenta Brayan.

El microtráfico es una problemática social que va de la mano con la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades. Dichos problemas llevan a los jóvenes a involucrarse en el mundo del microtráfico, un mundo del que no se hace tan sencillo salir y en el que no sólo se involucra quien participa, sino también su familia y las personas que viven en su entorno, Este fenómeno se da mayormente en las comunas y los barrios más pobres de Manizales, especialmente en las zonas vulnerables.

El solferino es un barrio lleno de enigmas y de resentimientos, pues los enfrentamientos entre pandillas acarrean un problema de nunca acabar, van de generación en generación. Familias contra familias buscando autoridad, respeto y principalmente venganza. Quién se queda con la olla, el lugar en el que se vende la droga, he aquí la cuestión. “Si a mí me matan a mi mamá yo mato al papá y a la mamá del que mato a mi mamá, así es la vuelta en este barrio, eso nunca se va a acabar “dijo Brayan, mientras explica el enredo entre familias que se vive en el barrio, todos por problemas antiguos y que terminan en quién vende más droga y quién la vende mejor.

Otra de las problemáticas sociales que se desprende del narcotráfico, es la incursión de personas muy jóvenes para la venta y distribución de drogas. Jóvenes de 14, 15 y 16 años son los encargados de transportar la droga de un sitio a otro, con el objetivo de que los jíbaros los recompensen con más droga. “La paga” la consumen y comparten con sus compañeros y así los jóvenes acceden a la drogadicción cada vez a una edad más temprana y fácil, lo que conlleva a un grave y aparatoso círculo vicioso. “El microtráfico es la parte más sensible y también la parte más compleja para nosotros, y en la mayoría de los casos no podemos hacer nada para mejorar el entorno social, ya que al tratarse de menores los procesos en las acciones legales no funcionan.” Expresó el sociólogo Ricardo Arias Arias.

Maicol Andrés Rodríguez, otro integrante de la pandilla los teletubbies, dice que el crecimiento del consumo interno y la venta de drogas son las que financian a las pandillas, así estás pueden dotarse de armas blancas y de fuego, para ejercer presión en el barrio, y que les sale mucho más barato reclutar a los jóvenes.

“Hemos observado con preocupación que hay un inicio a una edad más temprana, con un acercamiento a los psicoactivos, a los tranquilizantes, a las pastillas que tradicionalmente están en la familia contra el estrés, para ayudar a dormir y demás. Y todo esto lo que lleva finalmente a los muchachos, es a tener contacto con un mundo de mayor relajación, lo que los conduce después a la marihuana, a la cocaína o al bazuco” expresó el psicólogo Gilberto Salgado Álzate.

En el solferino actúan principalmente cuatro pandillas: los teletubbies, los del parque la estrella, los del lavadero y los ebanistas, conformadas en su mayoría por familiares entre primos, hermanos y tíos. Cada una de estas pandillas tienen a un líder, conocido por las personas como “jìbaro”,es aquel que manda en el parche y que organiza cómo y cuando se distribuye la droga.

Este es el valor que tienen algunos de los estupefacientes más consumidos en dicho sector:

  • Gotas : 100 pesos cada gota
  • Cocaína:       15.000 pesos dosis
  • Bazuco: 2.000 pesos dosis
  • Extasis: 20.000 pesos dosis
  • Marihuana: 1.500 pesos dosis

El control del micro-tráfico de drogas es la principal razón de la violencia entre los combos de jóvenes, ya que estos se enfrentan por el control territorial de las plazas de vicio, así lo explicó el teniente Diego Merchan De la comuna 5 de Manizales.

Uno de los sucesos más recientes en el barrio, y que se desató debido al microtrafico, fue el asesinato de una mujer de 23 años, llamada Andrea Velásquez. “La Flaca”, como era llamada por sus conocidos, recibió seis impactos de bala unos meses atrás. Sus compañeros de pandilla, y quienes no quisieron revelar sus nombres, aseguran que van a vengarse, porque era ella una de las mejores distribuidoras de droga y la que menos problemas había llevado.

No solo las familias de los que hacen parte de las bandas y del microtrafico sufren, sino todos los que viven en el barrio y también las personas que esporádicamente pisan el sector, pues son víctimas y testigos de los enfrentamientos que han dejado miles de muertes con el pasar del tiempo, llegando a tal punto de familias enteras acabadas por el microtrafico. Debido a este problema, nacen las fronteras invisibles con la búsqueda de expansión territorial para la venta de droga, implantando el miedo en los habitantes del barrio e imponiendo los límites establecidos por los que pueden pasar, y si alguna persona hace lo contrario su castigo es la muerte.

Por eso muchos habitantes del solferino viven inconformes y con mucho miedo, pues no saben lo que pueda pasar el día de mañana. Esneda Gutiérrez, habitante del barrio, expresó: “Ya no se ni qué esperar, ya me da miedo salir a la tienda porque de un momento a otro se desprende la balacera y a ellos no les importa a quién darle, ni siquiera si es un familiar o un niño”. La violencia se da por muchos motivos, entre ellos el alcoholismo, la falta de conciencia en los habitantes de una sociedad, la fuerte ignorancia que hay de no conocer mejor vía para resolver las cosas, el no poder controlar los impulsos, falta de comprensión hacia los niños, la drogadicción, entre otros.

Finalmente, la pobreza es otro de los factores impulsores de la drogadicción y el microtráfico en el solferino, ya que surge como producto de la carencia de los recursos para satisfacer las necesidades físicas y básicas del ser humano, la calidad de vida de las personas, tales como la alimentación, la vivienda, la educación, y la salud. También la falta de medios para poder acceder a recursos como el desempleo, la falta de ingresos o un nivel bajo de los mismos por otro lado puede ser el resultado de procesos de exclusión social y marginación.

 

DANIELA SALGADO CORREA

ENTREGA 1- SOLFERINO- DROGADICCIÓN, ARMAS Y FRONTERAS INVISIBLES.

 

 

Violencia sin fronteras

Balas calibre 45, cuchillos, botellas y todo lo que se atraviesa en el camino vuela por los aires una vez que comienza la pelea todos contra todos en la frontera invisible, la principal de tantas que ahora cercan el barrio el Solferino y la que según las pandillas que se adueñaron del sector, divide la parte alta y la parte baja lo que sería una mínima parte de la comuna cinco de Manizales. El porqué de la contienda nadie puede aclararlo, un día se trata de jugar a los policías y ladrones, y el otro de una venganza acumulada con aquellos que cruzaron el límite.

Hamilton vs Manuel, y Manuel vs Cristian, y así sucesivamente hasta nombrar más de los cincuenta jóvenes que se encuentran involucrados en las peleas internas del barrio, todas con un limitante adicional, el territorio. Cuatro pandillas lideran el barrio, convirtiéndolo en uno de los más peligrosos de Manizales. El peligro se divide en sectores, en el norte los Ebanistas y los Teletubbies y en el sur los de la Estrella y el Lavadero. Todos tienen el mismo objetivo, ser los dueños del barrio y proteger su espacio.

La carrera sexta es la que divide principalmente al solferino en norte y sur, no solo en direcciones sino en amistades y en conflictos. Los de arriba no pueden cruzar a la parte de abajo y viceversa. En caso de que esto suceda la pelea comienza, llevándose consigo a quien aparezca por el frente, incluso a los dos policías que vigilan el lugar las veinticuatro horas y que tienen la orden de no moverse del lugar, a excepción de que reciban la orden de sus superiores desde el Cai de San Sebastián, el encargado de toda la comuna 5.

 

 

 

 

casa solfe

Golpe con golpe, sangre con sangre

Alias “Leito”, jefe de una de las pandillas del sur, es uno de los jíbaros más conocidos y temidos en el barrio, pero su destino cambió el pasado mes de febrero. Con una de las hojas de vida más conflictivas del barrio era uno de los objetivos principales de la policía por porte ilegal de armas, venta de estupefacientes y tentativa de homicidio en varias ocasiones. Pero no solo era ficha clave para la policía, sino también para los ebanistas, quienes intentaban mandarlo a dormir al cementerio, para cobrar una deuda pendiente que él mismo había provocado. “Lo estaban buscando por que mató a uno de los ebanistas, y como aquí se paga con la misma moneda querían quebrarlo ellos mismos”, afirmó uno de los integrantes de la banda los Teletubbies, que no está de lado de ninguno de los afectados, pero que asegura estar feliz si alguno llega a morir en las contiendas.

Se llevó a cabo todo un atentado a plena luz del día para acabar con la vida de Leito. El integrante de los Ebanistas cruzó la frontera cerca de las dos de la tarde para buscarlo personalmente y matarlo con un arma de fuego, pero en el intento confundió a un joven que pasaba por la calle junto a una niña de nueve años. Tres balas acabaron con la vida del joven que nada tenía que ver con alguna pandilla, una en el cuello y dos en la espalda. La niña fue herida en una pierna con una bala perdida y se recuperó luego de pasar varias semanas en el Hospitalito de Caldas. El agresor, con solo diecisiete años, fue llevado a la correccional de menores.

Leito corrió con la suerte con la que pocos corren en el barrio, pero por muy poco tiempo. A la semana siguiente el agresor se escapó de la correccional ubicada en La Linda, para terminar el trabajo que días antes había dejado inconcluso. Sorprendió a Leito por la espalda, y cerca de las tres de la tarde, le dio un disparo a un metro de distancia que impactó directamente en su cabeza. “Es un milagro que el paciente continúe vivo, pues el impacto fue a una muy corta distancia y pudo haber ocasionado una muerte fulminante”, afirmó Pablo Alejandro Amador, médico del hospital en el que actualmente se encuentra el herido en estado de coma.

La vida de Leito cambiará completamente, si algún día despierta, dependerá día y noche de personas que le ayuden con la tarea más mínima, y la raíz de tales consecuencias no es otra más que la violencia, problema del barrio que viene desde antaño y que seguramente marcará las próximas generaciones.

Todas las muertes se pagan con muerte, muerte de alguien de abajo significa muerte próxima de alguien de arriba. Los habitantes del barrio desayunan con miedo, las madres se despiden de sus hijos con el temor de hacerlo para siempre y el ambiente a diario se mancha con el olor a venganza.

 

 

Cárcel sin dictamen de sentencia

Aproximadamente treinta y cinco habitantes del solferino se encuentran investigados por variedad de delitos, en los que se encuentran tentativa de homicidio, venta de estupefacientes, expendido de droga y alcohol a menores de edad, hurto calificado y agravado, asesinatos, entre otros. Sin embargo, no hay pruebas suficientes para que puedan ser encarcelados por tales infracciones a la ley.

Sin contar aquellos que ya están tras las rejas y que han dejado a sus familias viviendo en el barrio, los jóvenes se sienten en una cárcel, si salen de su casa corren el riesgo permanente de ser asesinados por cuentas pendientes. “Mi frontera de verdad es mi casa, porque ahí si nadie se mete, pero por fuera, así esté en el territorio de los míos, tengo que estar alerta para que no me maten”, así describió su situación James Gómez Hurtado, otro de los jóvenes que ha crecido, como él así lo indica, entre marihuana y muertos.

Un día normal de un integrante de la pandilla del lavadero se reduce al ataque y la huida. James se levanta cerca de las diez de la mañana, se sirve el desayuno mientras ve algo de televisión y espera la llamada de sus amigos. Se baña y se queda sin camisa por ahí, pues es costumbre en el barrio que los jóvenes salgan en pantaloneta y chanclas y se sienten en algún andén, siempre y cuando este sea pertenencia de su pandilla. Se reúne con sus amigos a consumir bazuco y a escuchar música, el plan relajado del día. Luego de las tres de la tarde se arman con puñales y cuidan que nadie esté rondando su territorio, ya sean las liebres de la otra banda o alguna persona desconocida que no tiene nada que hacer en el sector.

“Si en algún momento llega alguien que no es de los nuestros lo acorralamos, y si se trata de los de arriba pues lo matamos”, comenta otro de los integrantes de la banda entre risas. Luego de que esto ocurre, deben andar con cuidado, pues saben que desataron una avalancha. Si los de arriba logran pasar la frontera y pasan desapercibidos por el puesto fijo de la policía, en plena carrera sexta, se dividen por las cuadras de abajo, arman desorden en una de las cuadras y despistan a los policías de su verdadera intención.

En pocos segundos se desata la balacera. Todas las unidades de policía son llamadas al sector para detener la masacre. Policías contra asesinos y asesinos contra quien se atraviese, pues en el momento del caos no distinguen amigos de enemigos, ni inocentes de culpables. En el último enfrentamiento dos niños resultaron heridos con arma blanca, cuatro jóvenes capturados y un policía con el casco y el brazo rotos. Una vez más las fronteras son violadas, la furia del Solferino se hace sentir en la ciudad y las muertes toman partido en la pelea que lleva más de cuatro generaciones. Fronteras marcan el barrio y separan las bandas; sin embargo lo único que continúa sin marcación de territorio y puede transitar libre y recorrer cualquier rincón, es la violencia.

casa dos

DANIELA VARGAS SANZ

ENTREGA 2 – SOLFERINO – DROGADICCIÓN- ARMAS Y FRONTERAS INVISIBLES.

 

Negocio Inocente

Tenis marca Venus de color rojo, sudadera negra con el escudo representativo de la banda Holocausto norte del Once Caldas en la pierna derecha, y una camisa verde de Ben 10 hacen parte de la “percha” que usa Brandon David Suarez hoy, en su cumpleaños número doce. El regalo es un moñito, y no propiamente uno hecho con cinta de color naranja o rojo, el moñito hace parte de la mercancía que distribuye casi a diario por las cuadras del barrio Solferino. Aproximadamente cinco gramos de marihuana tiene cada “moño”, es decir, que en cada bolsillo hoy, en la celebración de un año más de su corta vida, él puede tener entre quince y veinte gramos en su sudadera que lo caracteriza como hinca fiel del Blanco Blanco de Manizales.

marihuana

“El chiqui” como llaman a Brandon en el barrio, empezó a vender droga cuando tenía nueve años. Él no recuerda con exactitud el día en el que se volvió comerciante de estupefacientes, pero sí recuerda: “Uno de la Los Ñeros le ofreció a un primo que vendiera y le iba a dar $200 pesos por cada venta, pero él no quiso, entonces yo si le hice de una”, afirma mientras cuenta que para él $200 pesos en ese momento eran como tener una millonada, con eso “por lo menos compraba un bolis cuando iba a la escuela”.

Hace ya ocho meses y medio que el chiqui dejó de ir a estudiar y se dedicó únicamente a su negocio, negocio que alias “Monocuco”, uno de los jibaros del barrio, se encargó de entregarle y esto por una sola razón: Brandon David es menor de edad, si llega a ser sorprendido con droga el Código Penal y la Ley 1098 de 2006 lo amparan. El chiqui es el ángel protector del negocio.

 

Todo un empresario

Libro de cuentas, caja fuerte y hasta calculadora hacen parte de la oficina improvisada que Brandon arma todos los días a las 5:30 de la tarde al lado de su cama, para saber cuáles fueron sus ganancias del día. David no sabe de contabilidad, de administración ni mucho menos de cómo se maneja una empresa, pero sí tiene claro cómo dirige su negocio y cómo tiene que cobrar las cuentas que le dejan pendientes. Brandon David, con su esfuerzo y astucia logró convertirse en uno de los distribuidores predilectos de Monocuco, por lo que aunque con siete años de diferencia, chiqui es casi la mano derecha del jefe. Este hecho se convierte en una ventaja no solo al momento de recibir ganancias, sino también al momento de ir puerta a puerta cobrando la mercancía que fió. “Si no pagan por las buenas, el mono se encarga de cobrar por las malas, con la niña (arma) que nunca lo abandona”, asegura Brandon en medio de risas.

 

Control de calidad

Chiqui no sabe definir lo qué es una adicción. No terminó su escuela primaria, por lo que su vocabulario es básico y las terminologías que usa a diario las adquirió en las calles de su barrio. Tampoco puede decir con exactitud si es adicto o no a alguna droga, porque según él, si consume algún tipo de sustancia lo hace solo para saber qué tipo de mercancía le está vendiendo a sus clientes, aunque en otras ocasiones lo hace para distraerse y no pensar en los días pesados que ha tenido que vivir.

Bazuco, marihuana, bóxer y gotas son los productos que más vende, por ende los que más consume. Con exactitud, David no sabe cuántas horas al día pasa consciente y cuántas pasa bajo los efectos de algún estupefaciente; él le atribuye toda responsabilidad a sus clientes que lo piden como “pan caliente”. Si lo llama un cliente por marihuana, es un plon de marihuana que tiene que fumar, si lo llama un cliente por gotas, son una o dos gotas que él tiene que consumir.

 

Regalo sorpresa

Chiqui se despertó a las 11:37 de la mañana, su mamá humildemente le compró un par de medias para que estrenara por su cumpleaños, pero lo que él ansiosamente estaba esperando era el regalo que su jefe le había prometido días antes. Brandon desayunó, se bañó y se fue para la esquina donde suelen ser sus “reuniones de trabajo”. Allá estaba Monocuco esperándolo con cara de malicia y con una navaja y un paquetico de pepas entre sus manos. La cara de Brandon David es de felicidad, pues según le cuentan los otros integrantes de Los Ñeros, ese tipo de regalos, el jefe solo se los hace a sus más allegados como símbolo de protección.

Miles de historias que se identifican con la de Brandon se viven a diario en el barrio el solferino de Manizales. Sus amigos no son otros que los jíbaros y pandilleros, que sin otra opción, los levarán por el mismo camino. Con solo doce años es posible que para Chiqui ya no haya vuelta atrás, ha pasado los pocos años de su infancia entre drogas, armas, pandillas y malas influencias, cosa que al parecer no le disgusta, o no por lo menos mientras eso le traiga algún tipo de beneficio monetario, porque como lo recalcó en varias ocasiones “por la plata baila el perro”.

niño

ALEJANDRA MARTÌNEZ MORALES

ENTREGA 3: SOLFERINO-  DROGADICCIÓN, ARMAS Y FRONTERAS INVISIBLES